La fábula

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  1. La fábula 9:25

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La fábula

 

Explicación:

La presente es una historia tan simple como fantástica. Denominamos al presente clip “La fábula” porque ofrecemos un hecho un poco fuera de lo normal, de lo rutinario de lo correcto. Queremos dejar un mensaje claro y con el propósito de tocar la fantasía de que es posible lo que podría ser impensable, todos, en contra de la violencia. Desde nosotros esperamos que sí es posible y desde nosotros empezamos a creer nuestra fábula.

El trabajo doméstico infantil está categorizado como una de las peores formas de trabajo infantil en Bolivia.  Los riesgos que se corre dentro de esta actividad llevan a la explotación y violación de los derechos humanos de las niñas y/o adolescentes. 

Denunciamos enfáticamente la dejadez de los padres y la dejadez social por no asumir ni enfrentar ni aun siquiera reflexionar esta forma de esclavitud.  En fin llamamos a la reflexión y a la acción conjunta de ciudadanos y ciudadanas que asuman el hecho y enfrenten el problema. Ponemos la mesa abierta para la discusión, sin lugar a duda, y en pro de una niñez con un amanecer más limpio.

Dejamos para enriquecer su lectura.

http://www.ilo.org/global/about-the-ilo/newsroom/news/WCMS_215187/lang–es/index.htm

 

Cocina: ¿Y ahora qué está haciendo la niña?

Trapeador: ¡Shhh! Se ha quedado dormida.

Escoba: Cierto. Está dormidita. Es que hoy le tocaba limpiar los baños.

Trapeador: ¡¿Qué?!! ¡¿Los baños?! No lo puedo creer.

Escoba: Sí.

Plumero: Señores, disculpen que intervenga. Pero esto está mal. Mírenla. Esta niña está muy cansada.

Olla: Sí, pues, señor. Yo también voy a intervenir ¿ya? Yo sabía desde un principio que no la iban a dejar en paz y ahí está, pues, como si fuera qué cosa, siempre, le hacen trabajar. Trabaje, trabaje, trabaje…

Cuchillo: Sí. Es verdad. ¿Y dónde está su madre?

Olla: Esa su madre, pues, como vos dices, joven, -que no sé cómo se llamará, pero ya quisiera conocerla-, ésa vino, la dejó y se fue

Cucharillas: ¡Es verdad! ¡Es verdad! ¡Vino, la dejó y se fue!

Cocina: ¡Shhh! ¡Silencio, niñas! Pobre pequeña. Cada día barriendo, lavando, cocinando.

Plumero: Permítanme. Pero cuántas veces se ha cortado las manos pelando talegos de papas.

Cuchillo: Señor, ¿está hablando de mí?

Plumero: Así es, muchacho, estoy hablando de usted.

Cuchillo: Bueno…, sepa que nunca ha sido nuestra intensión cortarla.

Plumero: Me lo imagino. Pero eso está dicho muy a la ligera. ¿No le parece?

Cuchillo: ¿Ah, sí? ¿Y qué quiere que hagamos? ¿Qué nos escondamos? ¿Y después qué? ¿Cómo trabaja la niña?

Plumero: ¡La niña no debe trabajar jovencito!

Cuchillo: ¿Y por qué no se lo dice? ¿A casa ella no lo sabe?

Trapeador: Por favor, señores, basta… Tranquilos. Sabemos que hablar de esto es muy difícil. Y estamos reunidos precisamente para hacer algo. Entendemos que todos tenemos algo de culpa y peleando entre nosotros no conseguiremos nada.

Escoba: Usted, que está la mayor parte del tiempo con ella, debe saber cómo está de salud.

Cocina: Bueno, ahora está enfermita y todo el día está hablando sola.

Plumero: La palabra. Yo he visto, pues, cómo los dueños de la casa le riñen y la golpean.

Olla: Sí, sí. Yo también he visto cómo la dueña la obliga a trabajar hasta bien tarde en la noche. Que “¡haz esto!”, que “¡haz lo otro!”, que “¡¿por qué no haces?!”, que “¡¿por qué haces?!”, ahora “¡haz otra vez!”. Es una mala…, si la conocemos.

Cocina: Bueno. Y a todo esto, ¿dónde está el viejo señor Trapo? Quedamos en reunirnos todos aquí y no lo veo.

Todos / Todas: Sí, sí, sí.

Señor Trapo: ¡Aquí estoy!

Escoba: ¡Oh, finalmente! Venga por acá. Ayúdenlo, por favor.

Cocina: Buenas noches, señor Trapo. Usted me dijo que tiene algo que contarnos sobre la niña.

Señor Trapo: Así es, mi querida señora cocina. Buenas noches, buenas noches. Quiero decirle a usted, y a todos los que están aquí reunidos, que he sido testigo de algo terrible.

Todos / Todas: Pero, ¿qué pasó? Cuéntenos. ¿Le pasó algo a la niña?

Cucharillas: ¡Cuéntenos! ¡Cuéntenos!

Cuchillo: ¡A ver! Las cucharillas, silencio. Adelante.

Señor Trapo: Gracias, amigo cuchillo. Una mañana, cuando la niña limpiaba conmigo, el dueño de la casa la agarró del brazo y se la ha llevado a su cuarto.

Todos / Todas: ¡Oh! ¡No! ¡¿Qué?! ¡No puede ser!

Señor Trapo: ¡A mí me dejó tirado en el piso y no pude ver nada más! Pero unos ratones amigos míos me han contado que aquel hombre ruin empezó a tocarla.

Todas: ¡¡¿Qué?!! ¡¡Qué horrible!! ¡¡Qué barbaridad!!

Plumero: A ver, a ver, a ver. Las  ollas cálmense, cálmense. Continúe, señor trapo.

Señor Trapo: Gracias, papitoy. Gracias. Lo que vieron los ratones fue horroroso. No puedo describirlo. Sólo deben saber que el dueño de la casa abusó de la niña.

Todos / Todas: Maldito. Desgraciado. No puedo creerlo. Qué horrible.

Señor Trapo: Ahora ese hombre la amenaza para que no diga nada a nadie…

Escoba: Yo también quiero contarles algo a todos.

Trapeador: Adelante. Que hable la señorita escoba.

Escoba: Gracias, amigo. Lo que quería decirles es que… cuando la niña barre conmigo, ella empieza a recordar a su madre… y dice: “¿Por qué me has vendido mamita? Quiero volver a casa. No me voy a portar mal”. Así dice la niña.

Trapeador: Bueno. ¡Suficiente! ¡Esto no puede seguir así! Todos sabemos que los platos son testigo mudos de cuántas veces la niña se ha ido a la cama sin comer. ¿Verdad?

Todos / Todas: Sí, sí, sí. Desde luego. Eso es verdad.

Olla: Además a nosotras nos dijeron que la niña solamente tenía que ayudar a la señora. ¡Y nada más!

Cocina: Las ollas tienen razón. Gracias, comadres. La niña sólo tenía que ayudar. Pero ahora vive peor que una esclava…

Cuchara: Las cucharas también queremos decir algo.

Trapeador: Tiene la palabra. Adelante.

Cuchara: Nosotras hemos escuchado en el almuerzo que su familia necesita dinero y por esa razón trabaja.

Cepillo: Y también dijeron que la niña seguiría yendo a la escuela.

Trapeador: Muy bien. Eso es muy importante: Ir a la escuela. Gracias al cepillo por su opinión.

Plumero: Sí. Eso es verdad. Pero sus cuadernos siguen guardados en el ropero.

Señor Trapo: Sí. ¡Y con llave!

Trapeador: Señoras, señores, amigos, amigas, jóvenes, señoritas, comadres, compadres. A todos. A todas. ¿Qué podemos hacer?

Olla: ¡Huelga de trapos caídos!

Señor Trapo: ¡Un momento! ¡Un momento, señora! Eso me corresponde a mí, comadrita

Olla: ¡Oh! Sí. Es verdad. Lo siento. Adelante, señor Trapo.

Señor Trapo: Muchas gracias, mi estimada señora olla. Ahí voy: ¡¡Huelga de trapos caídos!!

Cocina: Bien dicho, señores. Es hora de manifestarnos

Escoba: ¡¡Liberen a la niña!!

Plumero: ¡La niña tiene que dejar de trabajar!

Olla: Pero, un momento. ¿Y su familia?

Escoba: Es cierto. Las ollas tienen razón. Señor trapeador, ¿qué va a pasar con su familia?

Trapeador: No lo sé, querida amiga. Pero la niña no puede seguir siendo maltratada por unos cuantos pesos.

Cuchillos: ¡En nombre de los cuchillos quiero decir que la niña merece respeto!

Tenedores: ¡Dejen de golpear a la niña!

Cocina: ¡Bravo por los tenedores! Entonces vamos hacer conocer al mundo lo que está pasando aquí, en esta casa, en estas cuatro paredes.

Cepillo: Los cepillos estamos dispuestos a limpiar con toda esta mugre.

Trapeador: Muy bien y los de la Asociación de Baldes. ¿Qué nos dicen?

Baldes: ¡Cuenten con nosotros!

Trapeador: Bien dicho. Así se habla.

Cocina: Señoras, señores, no vamos a ser cómplices de este maltrato. ¡Los vasos están con nosotros! ¡Las servilletas! ¡Los sartenes! ¿Y la caldera? ¿Está con nosotros?

Caldera: ¡Sí…!

Plumero: Y usted, señora Cocina, está lista para hablar.

Cocina: Claro que sí, amigo plumero. ¡Que la niña vuelva a estudiar! ¡Uy! Nos hemos olvidado de don Inodoro.

Inodoro: ¡…Cuenten conmigo!

Niña: Y el plumero debe esconderse. Y los cuchillos no deben cortar. Y…, y…, y la Escoba no debe barrer nunca más. ¿Si amigos?

Sí…

Y las ollas se deben volcar. Y las cucharas que se doblen. Y los tenedores que se…, que  se…, que… ¡que dejen de pinchar!

Sí…

Y…

Señora: ¡¿Qué está pasando aquí?!

Niña:  ¡Señora!

Señora: ¡¿Qué es todo este tiradero?! ¡Otra vez te estás jugando! ¿No?

Niña: …Eh,…no…

Señora: ¡No me mientas!  ¡Anda a barrer el patio!

Niña: Sí, sí… Está bien… Señora, quería preguntarle: ¿Cuándo viene mi mamá?

Señora: Mañana.

Niña: Pero eso me dijo ayer.

Señora: He dicho “mañana”. ¡Fuera!

Niña: Pero el señor Trapo de trapos cruzados se quedó; los cuchillos no salieron de su cajón; el señor Plumero se escondió; y la señora Cocina sus hornillas para siempre las cerró.

Voz: Niña: Si estás trabajando en tu casa o en algún lugar donde tengas que estar lejos de tu familia, recuerda esto:

Nadie tiene derecho a golpearte.

Nadie tiene derecho de gritarte.

Y nadie tiene derecho de tocarte en tus partes privadas.

Pero si alguna vez te pasa esto, tú puedes defenderte.

Denúncialos.

Cuéntale a alguien lo que te pasa.

Díselo a tu profesora.

A tu mamá.

A tu papá.

A la policía.

O a una persona mayor. Ellos podrán ayudarte. Sé valiente, niña. Tienes que hacerlo. Mientras tanto, nosotros, las señoras ollas, los señores platos, las señoritas cucharas, seguiremos aquí. Levantando la voz por ti.

 

Fue una producción de Infante-Promoción Integral de la Mujer y la Infancia con el apoyo de Terre des Hommes Holanda.

 

Escrito porAlejandro Marañón G.

 

Intérpretes:

Niña: Luz Camila Galarza Santa Cruz

Cocina: Daniela Mercado

Olla: Isabel Jiménez

Escoba: Claudia Hurtado

Cuchara: Valeria Urquieta

Caldera: Rosely Camacho

Señora: Daniela Elías

Trapo: Javier Soruco

Plumero: Ever Angulo

Cuchillo: Valentín Aguirre

Tenedor y Balde: José Luis Aguilar

Tenedor y Balde: José Luis Flores

Balde: Nelson Marca

Trapeador y Don Inodoro: Alejandro Marañón

Cepillo: Jorge Fernández

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