Las peores formas del trabajo infantil I

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Las peores formas de trabajo infantil I-Ladrilleras

 

 

Explicación:

Los niños que trabajan en ladrilleras son escondidos por sus padres, o por sus empleadores, para no ser detectados por la policía, o por instituciones que están a la defensa de ellos. Los niños son una pieza importante del trabajo pues son más ágiles que los adultos, tienen energía, llegan a lugares donde los adultos no podrían llegar o entrar. Es cierto también que este entorno está poblado por familias; cada familia tiene un horno y tanto padres como hijos e hijas tienen que trabajar, tienen que ayudar al padre, y si el niño no tiene que ir a la escuela, entonces no va.  Así también el lugar está lleno de bebidas alcohólicas, de olores nauseabundos y tóxicos extremadamente dañinos. El trabajo con los químicos llega a cuartearles la piel, a producirles llagas, infecciones y enfermedades.  Por último al tener que soportar tanto peso, inadecuado para su edad, el cuerpo llega a deformarse. 

Las instituciones de defensa de la niñez trabajadora no son bienvenidas en estos lugares; las personas son en extremo cerradas y no quieren dar información de lo acontecido. Muchas instituciones son amenazadas por los mismos pobladores del lugar.

Los niños llegan a acostumbrase fácilmente a esta actividad porque en un primer momento lo ven como un juego y porque lo comparten con otros niños o porque al hacer trabajo de adultos les hace sentir como ellos, adultos, mayores, importantes, machos, y dejan la escuela definitivamente, sin darse cuenta, ni ellos ni sus apoderados, del inmenso perjuicio que significa ello. Sin mencionar obviamente el peligro que corren, no existen ni las más mínimas medidas de seguridad, como lo dijimos antes, las ladrilleras se convierten en botaderos y basureros públicos, abundan las enfermedades.  Los hornos son cabinas gigantescas de adobes que están al alcance y a la vista de todos; cualquiera puede acercarse a ellos. Es como tener una caldera gigantesca, incandescente, hirviendo a sólo metros de una persona. Extremadamente peligroso. 

La escuela es el mayor refugio que pueden encontrar: es el mejor lugar del mundo.  Las peores formas de trabajo infantil no deben quitarles a los niños la alegría. No lo permitas.

Las atrocidades cometidas contra la niñez en cada uno de estos trabajos son casi indescriptibles. Es así que hacemos denuncia de todo ello y de todo el horror que significa, hacemos también denuncia de todo el error humano por haber permitido esto. 

Las peores formas de trabajo infantil son:

  • Trabajo agrícola en la zafra de caña de azúcar.
  • Zafra de la castaña (recolección o zafra y beneficiado de la castaña).
  • Minería (minero, perforista, lavero, dinamitero).
  • Pesca en ríos y lagos.
  • Peón en labores agrícolas en cultivos extensivos.
  • Cría de ganado extensivo.
  • Trabajador forestal.
  • Ceramistas en general: Ladrilleros.
  • Actividades en locales de expendio de bebidas alcohólicas, lugares de prostitución (limpieza, atención de mesas, etc.)
  • Recolección de basura, plásticos y aluminio.
  • Limpieza de hospitales.
  • Servicios de protección y de seguridad.
  • Trabajo doméstico “cama adentro” (niñera, dama de compañía, mujer o mozo de limpieza).
  • Voceador en transporte público.
  • Peón en labores agrícolas en cultivos extensivos.
  • Cría de ganado extensivo.
  • Trabajador forestal.
  • Vendedor de comercio en horario nocturno.
  • Modelo de modas que implique sobre-erotización de la imagen.
  • Trabajadora doméstica del hogar “cama afuera” (niñera, dama de compañía, mujer o mozo de limpieza)
  • Asistente de baños en horario nocturno.
  • Picapedrero artesanal.
  • Operador de equipo de amplificación de sonido.
  • Carpintero y otros oficios con manipulación de maquinarias, herramientas de tipo manual o mecánico y equipos especializados que requieran capacitación y experiencia.
  • Trabajo en la construcción:
  • Albañil.
  • Cuidador de autos en horarios nocturnos.

En Bolivia, según el Ministerio de Trabajo, Empleo y Previsión Social: “La Convención Internacional sobre los Derechos del Niño, entiende por niño a “todo ser humano menor de 18 años de edad salvo que, en virtud de la ley que le sea aplicable, haya establecido antes la mayoría de edad”. En tanto que el Código del Niño, Niña y Adolescente de Bolivia hace una distinción entre niño y adolescente. Considera como niño a todo ser humano desde su concepción hasta que éste cumpla los 12 años de edad y adolescente desde los 12 hasta los 18 años de edad cumplidos.

En Bolivia se ha determinado como edad mínima permitida para el trabajo los 14 años de edad. Sin embargo, considerando que en el país todavía existen niños trabajando, se suele usar el término “trabajo adolescente” para referirse al que realizan los jóvenes de 14 hasta los 18 años de edad y “trabajo infantil” para designar al que realizan los niños menores de 14 años”

Hacemos un llamado a los padres y a las madres, a las profesoras y profesores. Es necesario que los niños y niñas conozcan de estas actividades, que conozcan sus derechos, es necesario alertar a los niños, es necesario protegerlos. Es de suprema importancia visibilizar la violencia, es necesario abordar el tema. Que los niños vuelvan a clases, que no dejen la escuela.  La educación es lo más importante, y no solo para ellos, de ahora en adelante, y ya desde hace mucho tiempo, educar a es educarse. 

No existe nada como la ternura de la niñez, ya que al estar libre de prejuicios, la niñez puede llegar a vivir sin temores. Uno de los principales motivos para que las personas no denuncien la violencia es el miedo, y es triste porque es el miedo a hacer lo correcto lo que suma la cantidad de números que desbordan las estadísticas. Tal vez para algunos la violencia es ajena y para otros no tanto, pero el resultado es el mismo, violencia. Aprendamos de la niñez, sólo tienes que decir “No hay miedo”. 

Profesora: Ariel Choque. ¡Ariel Choque!

Jorge: No ha venido, profe.

Profesora: ¿No? Bueno. Gracias, Jorge. Falta. ¡María Gómez!

Jorge: No ha venido.

Profesora: ¿Tampoco? Bueno. Gracias, Jorge. Falta. ¡Daniela Quispe!

Jorge: No ha venido.

Profesora: Falta. ¡Qué raro! ¡Jorge Rojas! ¿Jorge? Pero ¿qué extraño? ¿Dónde están estos niños?

Vocecitas: No han venido, profe.

Narrador: Queridos estudiantes, ¿ustedes sabían que en Bolivia, hay más de 100.000 niños y niñas que trabajan y faltan a la escuela? Para que tengan una idea de cuantos son, imaginen que llenamos este curso con 100 niños y niñas, 100 niños y niñas apretados y amontonados como ladrillos. Ahora, imaginen que los sacamos del curso y los ponemos en el patio de la escuela y luego metemos a otros 100 niños y niñas, y luego volvemos a sacarlos y metemos a otros 100 niños y niñas, y luego volvemos a sacarlos y metemos a otros 100 niños y niñas, y así sucesivamente lo hacemos no 10 ni 20 veces. Imagínense que vaciamos el curso y lo volvemos a llenar 1000 veces. Entonces recién veríamos la cantidad de niños y niñas que trabajan como esclavos. No alcanzaría nuestro patio para todos ellos.  Ahora, ¿ustedes saben cómo viven ellos? Ellos viven recibiendo golpes, no comen, no descansan, trabajan bajo el sol o en cuevas oscuras, y si llegan a enfermarse tienen que seguir trabajando. Muchos de ellos mueren de cansancio, y los que no mueren viven aguantando el dolor en su cuerpo, hasta que finalmente mueren de tristeza, solos, enfermos y con las manos frías. Es una de las peores formas de vivir, y así viven estos miles de niños y niñas que trabajan en Bolivia. Ahora díganme: ¿eso está bien?

Profesora: Claro que no está bien. Eso está muy mal. ¿Verdad, niños y niñas? Entonces, el día de hoy tendremos una clase distinta. El día de hoy nos embarcaremos en una aventura inolvidable, porque vamos a descubrir dónde trabajan estos niños y niñas, y también vamos a descubrir quién les obliga a trabajar, y para eso vamos a usar nuestra imaginación al 100 por ciento. Yo, con la ayuda de nuestro amigo el  narrador, voy a hacer que viajemos a algunos de estos trabajos peligrosos, y vamos a preguntar por los niños que faltan a clases, por lo niños que no han vuelto a sus casas y por los niños que siguen trabajando. ¡Señor narrador!

Narrador: Dígame, profesora.

Profesora: Queremos que nos ayude.

Narrador: Por su puesto. ¿Qué necesitan?

Profesora: Necesitamos que nos diga a cuál de todos estos trabajos peligrosos podemos viajar primero.

Narrador: Bien. El primer lugar que deben conocer son las ladrilleras.

Profesora: Entonces, niños y niñas, hagamos volar la imaginación. ¿Están listos? Vamos a conocer las ladrilleras.

Narrador: Niños, niñas, profesora, las ladrilleras se encuentran en los límites de la ciudad, en medio de pampas inmensas. Desde aquí se puede ver el humo que sale de sus chimeneas. ¡Oh! Sientan el olor. Es horrible. Fíjense. Todo está lleno de basura y hay ladrillos apilados por todas partes. Escuchen. Ésos son los hornos de ladrillos. Casi no se puede respirar. Hay un sol que quema la piel y el aire se hace cada vez más denso. Tenemos que parar, niños y niñas. Yo los dejo por el momento. Tengan mucho cuidado. Profesora, hemos llegado.

Profesora: Gracias, querido amigo. Entonces ahora vamos a empezar a preguntar. ¡Señor! ¿Podemos hablar con uste…?

Señor: ¿Qué? ¿Quién? ¿Yo? No. No. No.

Profesora: Se fue. Usted, señora, podem…

Señora: ¡Ama entendinkichu!

Profesora: Nadie quiere hablar. ¡Señor!

Ladrillero: ¡Ah! ¿Qué cosa?

Profesora: Díganos: ¿Es cierto que aquí en las ladrilleras hay niños trabajando?

Ladrillero: ¿Cómo, pues? Aquí no hay niños. ¿Qué cosa quieres?

Profesora: ¿Querer? Bueno… Quisiera saber quién hace trabajar a los niños.

Ladrillero: Mira, señorita. Si el niño trabaja es porque quiere, además tiene que hacerse hombre y desde ya no más tienen que aprender, si no después ¿qué cosa va a hacer?

Profesora: Pero en la escuela puede aprender.

Ladrillero: Y mientras tanto quién me va ayudar, digo… Además igual se les paga.

Profesora: ¿A sí? ¿Y cuánto se les paga?

Ladrillero: Se les paga, pues, se les paga. Mira: Asisitos se les paga. ¿Y, además, qué cosa me estás queriendo averiguar? ¡Ah! ¿Porque no van a molestar a otro lado? ¿Por qué siempre a los ladrilleros? Porque no van a molestar también a los que trabajan en las cañas de azúcar. Ésos sí son unos desgraciados.

Profesora: ¿En las cañas de azúcar?

Ladrillero: Sí, pues, señorita. Anda a joderlos también a ellos. Una webada son esos cojud…

Profesora: ¡Señor! ¡Por favor! ¡Hay niños escuchando!

Ladrillero: Señorita, tú no sabes. Juro por Dios: tú no sabes. Aquí no pasa nada, te estoy diciendo.

Profesora: ¿Nada? Quiere decir que éste no es un trabajo peligroso para los niños.

Ladrillero: ¡Pucha! Va a seguir. Andate mejor a otro lado. Aquí vas a encontrar problemas si sigues preguntando. Te estoy diciendo. Ya. ¡Fuera de aquí! ¡Fuera he dicho! ¡Fuera! Me hacen renegar  todavía.

Profesora: Vaya… Qué tipo… Entonces, señor narrador…

Narrador: Dígame, profesora.

Profesora: ¿Dónde podemos ir a conocer las plantaciones de caña de azúcar?

Narrador: En el departamento de Santa Cruz y de Tarija están las mayores plantaciones de caña de Bolivia. Niños, niñas ¿están listos? ¡Entonces, vamos!

Voz: Además de Bolivia, en Perú, Ecuador y Argentina, la explotación laboral infantil en ladrilleras sigue existiendo. Los niños que trabajan en ladrilleras son escondidos por sus apoderados o por sus propios padres ya que son considerados como mano de obra fácil y barata, pero es importante saber que los gases tóxicos de las ladrilleras afectan la salud de los niños y niñas, el contacto directo con los químicos y la arcilla produce enfermedades en la piel y, sobre todo, el cuerpo de los niños y niñas llega a deformarse ya que tienen cargar una gran cantidad de ladrillos al día.  En Bolivia, y en otros países de América Latina, se continúa luchando para que los niños y niñas dejen este trabajo y retornen a las escuelas.

 

 

 

Fue una producción de Infante-Promoción Integral de la Mujer y la Infancia con el apoyo de Terre des Hommes Holanda

 

Escrito por Alejandro Marañón G.

Jorge: David Arriarán

Profesora: Valeria Urquieta Q.

Narrador: Alejandro Marañón G.

Señor: Ever Angulo

Señora: Claudia Hurtado

Ladrillero: Javier Soruco

Voz: Daniela A. Elías

Las peores formas del trabajo infantil IV

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Las peores formas del trabajo infantil III

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