Padre y madre de adolescente

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Guión – En la radio II-Buenos días (217)

Padre y madre de adolescente

 

 

Explicación:

Sin duda no es fácil ser padre de un o una adolescente. Queremos dirigirnos a aquellos padres, a todos en sí que, tal vez, pensaron que el único camino sería castigar pero optaron por el diálogo, por reflexionar antes de actuar impulsivamente. Queremos acercarnos a los padres que deciden acompañar a sus hijos en este conflictivo momento de su vida; queremos decirles, no se rindan, el diálogo, la tolerancia, la paciencia, el criterio, deben estar ante todo. Queremos dirigirnos a esos padres, a todos en sí, claro esté que no podría ser de otra manera. Consideramos que es importante, así como para los adolescentes, informarse y entender que los niños o niñas crecieron, mas no dejaron de ser sus hijos. Estamos seguros que los padres desearían estar junto a sus hijos o hijas el momento que lleguen a tomar esas decisiones difíciles, pero debemos decirles que no podrán hacerlo, lo único y lo mejor que se puede hacer es educar a los hijos e hijas en valores, prevenirlos ante lo que pueda venir, confiar en ellos y confiar en la palabra de uno, que dicha a tiempo, puede salvarlos, nadie lo quiera, de una situación catastrófica. Mas no desesperen y hay que estar atentos.

 

 

Padre: ¡No! Espera. No he terminado.

Hija: Papi ya me tengo que ir… Voy a llegar tarde. Chau má.

Madre: Espera, Paticita… No te vayas, Pati.

Padre: ¿Cuál “voy a llegar tarde”? ¡Patricia Rojas, ven acá!

Hija: Chau pá.

Padre: Claro, me da con la puerta en la cara y se va. ¿Y ahora qué hago? ¿Qué hago, Charo?

Madre: Tranquilo, mi amor.

Padre: No puedo tranquilizarme. No he terminado de hablar con ella. He tratado de ser paciente amable y mira lo que pasa. Se va. Se va sin decirme nada y ahí se va la niña que antes alegraba mis días, la que me mostraba su tarea, la que me esperaba en la puerta de la escuela, la que se despedía con un besito. Y ahora ni me mira. Ahí se va como si yo fuera un desconocido, a hacer no sé qué y quién sabe dónde. ¿Dónde está mi hijita, la faldita rosada, la de las chilindrinas en sus cabellos, la del osito para dormir? ¿Dónde? ¡No! Pero a mí me respeta esta mocosa. ¿Qué se cree?

Madre: No, Elmer, cálmate. Tranquilo. Ya se fue. Hablemos después con ella, ¿sí? Yo sé que es difícil. Ha cambiado, pero ¿qué podemos hacer? Tranquilo.

Padre: Es que no entiendo.

Madre: Sí, yo sé. No sabes de las cosas que he intentado hacer para que me escuche, pero mientras más me acerco más se aleja. No me dice nada. No sé qué quiere o me responde como si fuera su amiguita, como si yo no fuese su madre. ¡Qué es esa falta de respeto! Y no me dice nada, y luego anda todo el día hablando con su amiguito. Estoy cansada de ese su amiguito: Su amiguito aquí, su amiguito allá, para que después me diga: “Mami estoy saliendo con el destroyer, chau” y se va, se va la ingrata. ¡Se va para hacer quien sabe qué y con quién sabe quién! ¿Dime quién soy yo? ¿Qué soy yo? ¡Yo soy su madre! ¡Y a mí me respeta, chiquilla malcriada!

Padre: ¡No! Cálmate, Charito, cálmate, cálmate. Ya está, ya se fue, tranquila, después vamos a hablar con ella.

Madre: Es que no entiendo. ¿Qué hago, dime, qué hago?

Padre: No sé.

 

Madre: ¿Has visto cómo ha crecido?

Padre: Sí, ya está casi de mi tamaño.

Madre: No me gusta esas sus ropas pero a veces se pone tan linda.

Padre: Sí, su voz también ha cambiado.

Madre: Recuerdo que le gustaba tanto jugar con el barro.

Padre: Sí. Una vez hizo una casita el papá, la mamá, la hijita, todos de barro, pero se rompió.

Madre: Sí. Lloró todo el día. Tuvimos que reconstruir la casita toda la tarde y, cuando terminamos, ya se había dormido.

Padre: Sí. Me acuerdo cuando se metía a dormir con nosotros; le daba miedo estar solita, luego a la mañana volvía a su cuarto, pero con calmita, sin querer hacernos despertar.

Madre: Sí. Pero, en realidad, yo no había dormido nada; así eran mis ojeras, así.

Padre: Y la vez que se cayó del columpio, me esperó sentadita en la puerta de la casa toda la tarde, y cuando llego me dice “papi me caído” y se pone a llorar.

Madre: Yo decía “¿qué hace ahí sentadita, qué hace?” Así que era por eso.

Padre: Sí. Siempre me decía todo, y te acuerdas cuando me mostró que había aprendido a saltar.

Madre: Sí. Cómo me voy a olvidar.

Padre: ¿Cómo era? Eran dos pasitos y volver a empezar.

Madre: ¡Mjh! Luego estuvo saltando todo el día.

Padre: Sí, en el patio, en su cuarto, en la cocina, en la cama.

Madre: Sobre la mesa.

Padre: Bueno sí, sobre mi escritorio, sobre la lavandería, encima del auto, ¡en el techo! ¡¿Cómo llegó al techo?!

Madre: ¿Cómo que cómo llegó al techo? A mí no me mires, vos también le dices, qué bonito hijita, tienes que saltar más alto, más alto. ¿A ver hasta dónde llegas? ¿O qué ya se te olvidó?

Padre: Más o menos, pero tampoco era para tanto, ¿no? Y te acuerdas la vez que se perdió, y te dejó una nota en la cocina, estuviste como loca buscándola por todos lados porque no habías leído su notita. ¿Y qué decía su notita? “Mami, me fui al parque”.

Madre: ¡Ay, Dios! No me hagas recuerdo; ese día casi me da un ataque.

Padre: Sí, luego me contaron todos los del barrio. ¿Y te acuerda lo que te dijo cuando volvió?

Madre: ¿Cómo me voy a olvidar? Me dijo: “Pero mami yo no me voy a perder nunca” Yo le había enseñado cómo volver a la casa del parque, y se acordó.

Padre: Tranquila, Charo, tranquila.

Madre: Creo que no fuimos tan malos padres.

Padre: Creo que no. Pero, ¿por qué han cambiado tanto?

Madre: Porque la niña ha crecido, ya no es una niña.

Padre: Pero eso no quiere decir que haya dejado de ser mi hija.

Madre: Claro que no, y espero que no sea tarde pero tenemos que hablarle de sexo.

Padre: Ya. Sí. Eso. Bien. Pero, háblale tú de sexo.

Madre: Como “háblale tú de sexo”. Los dos tenemos que hablarle sobre el sexo.

Padre: Pero es que sabes, me da no sé qué.

Madre: ¿Es qué te da no sé qué? Escúchame bien, Elmer Rojas Choque. Si te da “no sé qué” hablar de sexo con nuestra hija, a ella no le va a dar “no sé qué” cuando empiece a tener relaciones, y si pasa algo, Dios no quiera, y luego venga de reclamarnos ¿qué le vamos a decir?, “Hay, hijita, perdón; es que nos dio “no sé qué” hablarte de sexo” ¿Eso le vamos a decir?

Padre: No. Sí. Ya es definitivo: Hay que hablarle de sexo, hay que hacerlo sí, definitivamente, sí, definitivamente hay que hacerlo.

Madre: Bueno.

Padre: Bueno, entonces ¿qué hacemos?

Madre: Por ahora sólo nos queda esperar a que vuelva y estar atentos.

Padre: ¿Nada más?

Madre: Sí, y qué más. A su edad mis padres también querían ahorcarme.

Padre: Sí. Me lo imagino.

Madre: ¡¿Qué?!

Padre: ¡No! Nada, mi amorcito, nada, eh, corazón, nada, nada, eh, sí, sí, sí, está bien, tienes toda la razón, hay que esperar.

Madre: Chistosito, sí, esperemos.

Padre: Pero hay que estar atentos.

Madre: Sí. Hay que estar atentos.

 

 

 

Fue una producción de Infante-Promoción Integral de la Mujer y la Infancia con el apoyo de Hivos.

 

Escrito por Alejandro Marañón G.

 

Hija: Limbania Flores

Madre: Valeria Urquieta Q.

Padre: Javier Suárez

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