Melodrama en tres actos (Acto I)

Melodrama en tres actos (Acto I)

 

Explicación:

A través de este radioclip queremos ironizar los estereotipos que consumimos de manera sistemática a través de las telenovelas y otros programas de la televisión. Estos estereotipos se encargan de reforzar la idea de la mujer sumisa y hermosa cuyo principal objetivo debe ser el de encontrar un hombre al cual amar y servir. Si analizamos con mayor detenimiento la industria del entretenimiento, nos encontraremos con una cantidad alarmante de mensajes que cosifican a la mujer y que, por tanto, naturalizan el orden social en el que las mujeres se encuentran en una posición de desventaja. Por un lado, se enarbolan los roles maternales cuyas principales características son la abnegación y el recogimiento; por otro lado, se estigmatiza a la mujer autónoma  dándole papeles frívolos y villanos.

 

 

Narrador: En un pequeño pueblo del trópico, Ana Lucinda va a dar a luz a una hermosa niña producto de un matrimonio que ha tenido sus altas y bajas. Un matrimonio que Ana Lucinda ha sabido mantener a fuerza de su voluntad, obediencia, fidelidad y un inesperado embarazo, tal como le había aconsejado su vecina.

Ana Lucinda: ¡Oh, mi pequeña hija, qué hermosa es!

Vecina: ¡Mantenla hermosa, para que cuando crezca consiga un buen marido!

Ana Lucinda: ¡Mi linda María Virtud de los Ángeles!

Narrador: Mientras tanto, en la taberna del pueblo, Juan Agustín, esposo de Ana Lucinda, bebe empedernido.

Juan Agustín: ¡Estoy harto de esa mujer! ¡Me tiene harto!

Pepe: ¿Y qué vas a hacer?

Juan Agustín: ¡Qué te importa! Mentira, hermano… Te voy a contar porque sólo en vos confío. Voy a matar a Ana Lucinda y luego huiré con Delfina Barrios.

Pepe: ¡Ah, no! ¡Eso no! Yo estimo a tu esposa… ¿Podría quedarme con ella?

Juan Agustín: ¡Qué dices! Ana Lucinda jamás va a aceptar a un borracho como tú…

Pepe: Pero si acepta a uno que la pega, como tú… ¿Por qué no…?

Juan Agustín: ¿Qué dices?

Pepe: Nada, nada…que digo que te vas a meter en líos… ¿Si te atrapan? ¿Has pensado en eso? ¡A la cárcel!

Juan Agustín: Tienes razón, Pepe. Pero… ¿qué hago entonces? … ¿Qué hago? ¡Ah, ya sé! …Voy a fingir mi muerte y luego huiré con Delfina Barrios.

Pepe: ¿Es decir que estás muerto?

Juan Agustín: Así es, hermano. ¡Ya estoy muerto!

Pepe: No, no, no estás muerto… sólo estás de parranda.

Narrador: Juan Agustín, con ayuda de Pepe, planea su propia muerte. Un plan siniestro que acabará por romper el corazón a Ana Lucinda. Ella, que tanto ama a Juan Agustín… Ella, que ha soportado los maltratos, las infidelidades y la pobreza como buena esposa: sin quejarse. Una mañana de lluvia, Juan Agustín prepara el pequeño camioncito con el que transporta fruta y verdura hacia otras regiones del país.

Ana Lucinda: Querido, ¿no quieres ver a la niña? ¡Si vieras lo hermosa que es!

Juan Agustín: No, la verdad que no. Ya la vi ayer. Además, no tengo tiempo, tengo que viajar ahora mismo hacia el valle.

Ana Lucinda: Pero… ¿así sin más? ¿No puedes quedarte unos días mientras me recupero del parto?

Juan Agustín: ¿Y yo qué tengo que ver con eso? Dile a la vecina que te ayude. ¿Acaso las mujeres no están para eso?

Ana Lucinda: Yo pensaba que…

Juan Agustín: No pienses. Tú no sirves para pensar. Más bien, prepárame algo para comer en el camino. ¡Apúrate! ¿Piensas que porque acabas de parir no te puedo dar un bofetón?

Ana Lucinda: En seguida…en seguida…no te molestes, por favor…

 

Narrador: Juan Agustín pone en marcha el pequeño camioncito ante la mirada abnegada de Ana Lucinda. Ella, con lágrimas en los ojos, tiene la sensación de que es la última vez que verá a su marido. El camioncito se dirige peligrosamente hacia una pendiente. Juan Agustín tiembla. Sus manos transpiradas resbalan del volante. El camioncito sale del camino. Surca los cielos. La explosión se puede ver desde lejos. Los pájaros han levantado vuelo anunciando la tragedia.

Pepe: ¡Ana Lucinda! ¡Ha muerto! ¡Ha muerto!

Ana Lucinda: ¡¿Quién ha muerto?! ¡¿Quién?!

Pepe: Tu marido… Juan Agustín… ¡Está muerto!

Ana Lucinda: ¡Mentira! ¡Mentira! ¡Dime que es mentira!

Vecina: Es cierto, Ana. El camión se ha metido a un barranco… Ha explotado… ¡Pobre de ti, Ana!

Ana Lucinda: ¡Oh, no! ¡Dios mío, no! ¡Agustín, vuelve por favor! Agustín, soportaré todo, cualquier golpe, cualquier infidelidad, lo que quieras… ¡Pero, por favor, vuelve Agustín!…

Narrador: La tragedia acabó con la vida de Ana Lucinda, que sumida en el dolor enfermó y nunca más se recuperó. Doña Fermina Quinteros, una solterona dueña de una prominente hacienda, se dejó conmover por la belleza de la pequeña María Virtud de los Ángeles y la adoptó como a su propia hija. Se llevó lejos a la niña, lejos de su pasado y de su verdadero origen. La niña creció colmada de atenciones. Doña Fermina se encargó de cultivar en ella todas las virtudes y talentos que se espera de una jovencita de buena casta.

Doña Fermina Quinteros: María Virtud de los Ángeles, ¡ha llegado el día! ¡Hoy conocerás a tu futuro esposo, Pedro Andrés Villamontes de Real Castilla, hijo del comendado Don Juan Renato Villamontes de Real!

María Virtud de los Ángeles: ¡Oh, madre! ¡Cuánto he anhelado este día!

Narrador: ¿Quién es Pedro Andrés Villamontes de Real Castilla? ¿Corresponderá con su amor a nuestra heroína? ¿Aparecerá otra mujer que intentará arrebatarles la felicidad? Espera nuestro siguiente episodio…

 

 

 

 

 

Fue una producción de Infante-Promoción Integral de la Mujer y la Infancia con el apoyo de Hivos.

 

Escrito por Daniela A. Elías

 

Intérpretes:

Narrador: Pancho Bayá

Ana Lucinda: Eva Frías A.

Vecina: Valeria Urquieta Q.

Juan Agustín: Xavier Jordán A.

Pepe: Daniel Siles

Doña Fermina: Isabel Jiménez de Avilés

María Virtud de los Ángeles: Camila Aguilar Elías

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