Ya, Emilia

  1. Ya, Emilia 5:49

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Ya, Emilia

Explicación: Esta pequeña historia refleja la situación de muchos niños, niñas y adolescentes que deben abandonar el colegio para ayudar al sustento familiar. La pobreza es la causante principal de esta situación y hay muchos factores que se deben analizar el momento de plantear soluciones; como dice UNICEF,  “cuando la pobreza afecta a la familia, los miembros más jóvenes de ésta se convierten en sus víctimas más inocentes y vulnerables” (en FACCIUTO; GONZALES 2006: 31)

El sustento económico es responsabilidad de los padres y las madres y no sus hijos e hijas. “Trabajar afecta el itinerario normal escolar porque, muchas veces, el lugar y horario del empleo son incompatibles con las exigencias de la escuela”  (OIT y UNICEF). Por lo que la problemática central es el abandono progresivo de los estudios. Estamos en una era en que el desarrollo de las sociedades se basa en el conocimiento y ya no simplemente en la fuerza del trabajo. Entonces, a medida que niños, niñas y adolescentes abandonan el colegio, aminoran sus posibilidades de salir del círculo de la pobreza y están prácticamente condenados a permanecer en condiciones donde se los explota laboralmente.

Estudios también demuestran que la problemática del trabajo infantil está atravesada por la problemática de género, concretamente, en la asignación de roles a niños y niñas. “Las políticas que se implementan en relación con el trabajo infantil deben tener en cuenta la cuestión de género, ya que las niñas trabajadoras merecen especial atención por su mayor vulnerabilidad a la explotación” (FACCIUTO; GONZALES 2006: 35).

Este clip muestra claramente, cómo una niña bajo la presión de la madre tiene que comenzar a trabajar y olvidarse de su educación. No es una ficción; es, lastimosamente, una situación que es vivida diariamente por cientos de niños, niñas y adolescentes. Según la Defensoría de la Niñez y la Adolescencia de La Paz, en el país de cien niños y niñas que entran al colegio cerca de 30 no lo terminan. Los padres y madres ven en sus hijos e hijas una estrategia de subsistencia, cuando en realidad el pilar fundamental para ello es la educación.

 

Bibliografía

UNICEF:

2008    Trabajo infantil ¿dónde está? Manual para el apoyo familiar. Programa Fuerte Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, Programa Puente, entrada al Sistema de Protección Social Chile Solidario, Fondo de Solidaridad e Inversión Social, FOSIS

FACCIUTO, Alejandra Bettina; GONZALES, Sara Josefina:

2006    La problemática del trabajo infantil. Espacio Editorial, Buenos Aires

Califican de “crítica” la situación la niñez en Bolivia. Artículo publicado en el diario OPINIÓN, 16/04/2012

Narradora: Emilia es linda. Tiene tantos años como hermanos: 12. No todos de la misma mamá. Teniendo la responsabilidad de tantos hijos, su papá acobardado se ha marchado y la falta de dinero a casa ha llegado. Un día:

Mamá: Ya, Emilia. Vas a tener que ayudar con los gastos en la casa; he hablado con la señora Pancha y dice que le puedes ayudar en las mañanas para preparar el almuerzo de la pensión.

Emilia: Pero en las mañanas voy al colegio, mamá.

Mamá: Ni modo Emilia… El colegio no nos va a dar qué comer. Además, va a ser un tiempo, nomás… hasta que mejore mi situación.

Narradora: Pero “un tiempo, nomás” se hizo, nomás, un buen tiempo. Y luego:

Mamá: ¿Emilia?, Emilia. Doña Pancha dice que ahora va a empezar a atender todo el día, necesita que la ayudes. Te va a pagar bien y ya al año vamos a ver que regreses al colegio. Por favor, Emilia, no tenemos de otra. ¿Ya?

Emilia: Ya.

Narradora: Emilia veía de lejos a sus compañeras de curso y hasta tocaba a su uniforme con nostalgia. Le causaba un poco de gracia, pues antes el colegio le parecía muy aburrido. Quién iba a pensar que un día lo iba a extrañar tanto y hasta iba a soñar con él.

Sí. Emilia soñaba que temprano en la mañana se levantaba, se ponía el guardapolvo y…

Mamá: ¡Ya te he dicho que no puedo con los gastos si no me ayudas! ¡¡Ya te he explicado: El colegio no nos da para comer. De paso me haces gastar en útiles escolares!! ¡¡¡Ya no me molestes!!!

Emilia: ¡Ya! ¡Ya!

Narradora: Emilia veía pasar los meses en la higuera que crecía al frente de la pensión “Doña Pancha”. Cuando los higos nacían, sabía que era tiempo de empezar el colegio; cuando maduraban bastante sabía que ya iba retrasada y el dulce de los higos se le hacía amargo en la boca; cuando no había más higos en la higuera sabía que ya era muy tarde y que ese año tampoco volvería al colegio. Pero Emilia no se resignaba.

Emilia: Pero si estudio y saco un título o aunque sea soy bachiller…, luego puedo trabajar y ganar más. ¿No ves a la Mirtha? Se ha metido a estudiar para secretaria y le va bien. Su hermana es peluquera. Cualquier cosa yo debería aprender. Sólo sé limpiar una pensión.

Mamá: Ay, Emilia, ¿qué siempre, pues, es el colegio? Yo ni he terminado.

Narradora: Emilia se llenaba de rabia cuando veía los higos en la higuera y pensaba en el colegio. Su mamá seguía trabajando de lo mismo y no ganaba más. Emilia no era tonta; se daba cuenta que si no hacían algo distinto para mejorar su vida, ella no volvería a sentir el dulce de los higos, no volvería jamás al colegio.

Emilia: Mamá, ¿si abrimos un puesto de comida? …Chiquito… Vendemos salchipapas. Yo te ayudo y nos podemos organizar para que yo vuelva a estudiar. Pensalo, a ver.

Mamá: Ya… Ya, Emilia. Lo voy a pensar.

Narradora: A la mamá de Emilia no le pareció mala la idea. En un par de meses inauguraron su puestito con serpentina y cuetillos.

Narradora: Pero Emilia igual, nomás, siguió ocupándose todo el día del puesto. Con el tiempo, las salchipapas se hicieron famosas y la economía familiar dio un salto. Los clientes se comían las salchipapas y… también los días.

Narradora: Ya habían pasado años desde que Emilia dejó el colegio.

 

Mamá: Emilia, ya estamos mejor. ¡Tanto que querías volver al colegio! Nos organizaremos y vuelves.

Narradora: Pero Emilia ya tenía 17. No tendría los mismos amigos y compartiría el curso con niños más pequeños que ella. Desde hacía tiempo que a Emilia le habían dejado de gustar los higos… Se le había agotado la esperanza de volver al colegio y ahora ya había olvidado cómo abrir un libro.

Emilia: Ya no quiero, mamá. Si antes hubiéramos comenzado el negocio, si antes nos hubiera ido bien, hubiera vuelto. Pero ahora ya he perdido la costumbre. Ni ganas tengo. Mejor seguiré, nomás, trabajando. Ni modo, pues, mamá.

Mamá: Ya, Emilia.

Narradora: Cuando Emilia ve la higuera florecer le dan unas ganas terribles de volver al colegio y su boca se llena de dulce; pero enseguida se da cuenta que no volverá a estudiar y entonces el dulce desaparece y le deja un gusto amargo de higo podrido. Emilia sabe que pasará su vida con la boca amarga o, a lo mucho, con sabor a salchipapa.

Narradora: Como Emilia, cientos de niñas y niños abandonan el colegio por el trabajo. Nunca más vuelven a estudiar. Sin estudios tienen menos posibilidades de salir del círculo de la pobreza.

 

 

Fue una producción de Infante-Promoción Integral de la Mujer y la Infancia.

Escrito por Daniela Elías

Intérpretes:

Locutora: Cecilia de Marchi

Madre: Pimpi Velasco

Emilia: Fanny Cortez

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