Compadre

  1. Compadre Jorge Alaniz León 11:20

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Compadre

 

 

Explicación:

Hablar claro, sincera y abiertamente, asumir los errores, enmendarse, salir adelante, hacer las cosas bien, demostrarse a sí mismo, respetar, pensar, entender, pecar de inocente pero con el valor de admitir las faltas y cambiar… Este es el motor del presente radioclip: Acercarse a una realidad, enfrentarla, propiciar una vida que puede ser cercana o lejana a muchas otras vidas.  Compadre, amigo, pana, cuate, brother, friend, cumpa, lo más importante es escuchar, si sabemos, para que no vamos a hacer.

Al mismo tiempo, queremos hacer fuerza en la presencia fundamental de la mujer. En este radioclip, queremos dar un mensaje, un subtexto que está implícito, la palabra de la mujer es poderosa y si no lo es entonces debe serlo. Queremos hacer entender que la mujer no es ni se llegaría a concebir jamás como un ser sumiso. Es, en todo caso, el motivo de esta historia.    

 

 

Escuchá, compadre. Ahora me toca hablar a mí. ¡Yo soy… el que soy! ¡Listo! Pero, ¡conste!

Yo no soy de esos machos que dice: “Uta… ¡Qué capo! ¿Cómo lo hace?” ¿No?

Tampoco soy  de esos que dice: “Ay, tan bonito habla. En la biblioteca debe dormir este joven”. Tampoco. Pero eso no quiere decir que sea un ignorante.

La otra vez nomás le he dicho a mi mujer: “En las noches marfil tu piel damasco se refleja en mi pecho.”

Y ella me ha dicho: “¿Qué cosa? ¡Haber repetime eso! ¿Me estás faltando el respeto, parece?”

¡T’aj! Con lo que me ha costado aprender. Encima hay que estar repitiendo. Yo a mi mujer prefiero hablarle directo: “Mirá, Chuspillita: Yo por ti mataría a una cabra a cabezazos” ¡Listo! Y ella me dice: “Ay, atrevido, no me molestes”.

¡Ah, pero eso sí! Yo no me hago a la santa paloma. Porque no lo soy. ¿O tú eres una santa paloma… ¡ja!? Y al primero que se altere conmigo de un sopapo le hago tragar sus palabras. Tú sabes, cumpa. Nosotros somos comida de pobres: Pan y llajwua. Y si hablo como hablo no quiere decir que le tenga que estar “rompiendo” a mi mujer.

Ella es la que me anda diciendo: “¡Si me pones una mano encima no vuelves a comer en esta casa!” Way…, ni modo, pues, digo…, heroína de sus ollas hasta la muerte. Chistecito es, compadre. ¿Cómo, pues, le voy a pegar? Y menos se va estar dejando.

Yo a mi mujer la quiero. La amo. Pero, ya; ¡también se pasa! El otro día viene y me dice: “Ya, pues, Choclito, vámonos de viaje con la familia”. Y yo le digo: “¡¿Qué?! ¡En tanto frio! ¡¿Cómo pues?! ¿No? ¡Nada siempre! Además, al final, los que terminan pagando todo somos los dos, ¿no? ¡Me niego! ¡“No” he dicho! ¿Oye? No sé cómo hace pero a la media hora ya estoy yendo a comprar los pasajes para la flota. Y nos vamos todos: El ejército de wawas, los perros de sus hermanos, las primas borrachas, los tíos mangueros, el viejo amargado de su padre, la hermana solterona, el cuñado jailón, la tía fea, la suegra y hasta el gato. Y ella me dice: “¡Ay! Pero, Choclito, es la familia.” Y yo le digo: “¡Ay! Sí. Pero, Chuspilla, tampoco somos millonarios”. “Tienes razón”, me dice ella, “¿Y si nos buscamos otro trabajo?” “¡Otro trabajo! ¡Otro trabajo!”

Me quieren vestir como pingüino. ¡Eso es lo que quieren! ¡Sonsera! ¡Claro! Por eso dicen: “Este indio hediondo un  flojo de esos había sido” ¿No ve? ¡Si hasta los más empilchados se rascan el poto y se comen su sandwuich de chola el rato que les da gana! Pero a mí me tienen que estar diciendo: “¿Qué te pasa? Eres un alterado. ¡Cállate!” “¿Cuál alterado? ¿Cuál?  ¡Cállate! ¡Vení, vení!”

Vas a disculpar, compadre. Se me fue… Pero es que yo he aprendido a las puras patadas, cumpa. Yo tendré la culpa de todo lo que he hecho, pero lo llevo bien guardado aquí adentro. Y no sale porque se va a morir conmigo. A mí no me van a decir sus cosas. Tú sabes.

Cuando mi mamá se ha muerto he empezado trabajar en el mercado y, por las noches, al nocturno. ¡Uta! Pero me dormía grave… Hasta que la he conocido a mi Chuspillita. Cada nada le mandaba cartitas. Un día me he inspirado y le he dicho: “Mamita, esos tus ojos parecen dos sartenes nuevos; los miro y siento cómo se me cocinan los hu…” Bueno En fin, en fin. Tú sabes. Y se me ha reído. ¿Puedes creer?

Pucha… Desde ese día he empezado a estudiar, como no sé qué… Y luego al trabajo; no me quedaba de otra. Zapatero, canillita, mesero… “Hay que trabajar, pues; para comprar nuestra casita…”, le decía a la Chuspilla. Y ella se me reía, nomás. Luego, bachiller… ¡por la puerta grande! ¿Te acuerdas?

Después a la universidad. ¡Caraspas! ¡Eso más! Hasta sindicalista he sido. Un día de esos la Chuspilla me ha visto dando mis discursos. ¡Ha quedado impactada, compadre! Y en la cancha, cuando estaba sirviendo los platos de comida, la Chuspilla se ha aparecido y se ha sentado a comer. Bien servido su platito le he dado. Ahí ha sido cuando la he convencido; pero creo que mucho picante le he puesto a su ají de lengua. Ni modo. Y, por último, me ha tocado ser esposo.

Grave había sido eso, compadre. Pero no hay miedo. No hay miedo. Un día viene y me dice: “Ya tengo el nombre para la primera wawa” “¿Y cuál es, pues?”, yo le he preguntado. “Se va a llamar Jhonn  Maykol De Jota Choque” “¡¿Qué cosa?!” Puedes creer, compadre. ¡Jhon Maykol De Jota!, quería ponerle. ¡De Jota! No. No. No me dé.. ¿Cuál “de jota”, compadre? A mí y sus jotas, me jota, ¡dejate de jota…!

Ese día he pegado el grito al cielo y ese día los del barrio me han hecho buscar con la policía. ¿Te acuerda, no ve? “Este negro kayma a su mujer le anda ladrando a su antojo”

“Va a disculpar mi Suboficial…” “¡Estivy Wonder, joven, Estivy Worder!” “Perdón. ¿Cómo ha dicho?” ¡Estivy Wonder! Compadre. Se llamaba ¡Estivy Wonder… Hinojosa! No puede ser.

“Ah, ya, ya, mi Suboficial. Pero si hay otros peor que andan diciendo: ¡Mamita, al pollo y la mujer con la mano siempre!” Y después puñete, patada, sopapo y laka’j, te callas como dice la canción, mi Suboficial”

Tampoco es así, pues, compadre. Si sabemos. Con la mujer tiene que ser… bien, bonito. ¿O no? Sí, pues. Pero la verdad sea dicha: A ellas aunque les hables como le hables igual nomas te responden:

El otro día mi mujer me ha parado el carro: “Escúchame bien ‘Choclo aguado’: ¡A mí no me vas a estar levantando la voz!” Y me sale con que su familia y sus comadres y que me va hacer buscar hasta por debajo de las piedras con los perros de sus hermanos. ¡Pucha! Y yo sólo le he dicho: “Chuspilla, ¡la llajua!” Y ya me quieren linchar. ¡Phucha!

Y peor es si es que  te quieres disculpar: “Pero, mi reinita, tú sabes que puedes confiar en este ‘tu capitán de amor’”. Y ellas al tiro te responden: “¿Ah, sí? ¿Capitán? ¡Seguramente con un amor en cada puerto, ¿no, desgraciado?”.

¡T´aaaj! No hay nada qué hacer, compadre. La mujer es desconfiada desde siempre. Tantas cosas que se escuchan… “Borracho llega a su casa, patea su puerta, patea a su mujer, viola a su perro”…

¿Para qué vas a hacer eso? Luego tus wawas lloran. Tu mujer te odia. Toda la familia…  -una vergüenza…- no te habla, no te miran. Tu cara sale por la tele y ahí sí, compadre, despedite: En el barrio entero no tienes pisada y todo el mundo va a saber que eres un… un mal nacido de ésos. No, pues, cumpa. Yo, también, decía: “¡Es que me hace renegar!”

Pero hay que hablar, compadre. Y es bien. Yo ahora tranquilo vivo: Llego a mi casa y mis hijos me reciben a las carreras… “Ahí viene el Miguelito, ahí vine el Miguelito, ¡upa! Ahí viene la Paolita, ahí vine la Paolita, ¡upa! Ahí viene el Jhonnycito… Ya Jhonny no te hagas al chistoso; tú ya estás bien grande para cargarte… “Está  bien, papí.” “¡Salude a su padre!” “Buenas noches, papi”, me dice. Mejor alumno  ha sacado en la universidad… ¿Qué has dicho? ¿Y cómo me recibe mi mujer? Jejej… ¡a vos qué te importa cómo me recibe! Eso es privado, chango. Pero te voy a decir una cosa: Ella me quiere; juro por Dios: ¡Me quiere! Además tiene una mano para la cocina… ¡no sabes!

Ella, nomas, me dice: “Todo lo que se cocina con amor sale bien y rico.” Restaurante vamos abrir, ya hemos dicho.

Pero cuando se enoja la chuspilla… ¡Pucha, compadre! Torbellino parece su boca. Con mis hijos debajo de la cama tenemos que meternos: “¡Agárrense, agárrense… ya va pasar!  ¡Paolita! ¡Miguelito! ¿Jhonnycito? Ya Jhonny… no te hagas al chisto; ¿qué cosa te estas ocultado vos? ¡Vaya a disculparse con su madre; está renegando!” “Está bien, papi”, me dice.

Pero cuando pasa la tormenta, bien linda es mi mujer. Hasta arcoíris sale en mi casa.

¡Ay, compadre! Tú sabes yo no soy el más perfecto. Pero a mi mujer ni con el pétalo de una rosa… Aunque, a veces, me da ganas de agarrar y ¡…! Pero no, compadre. No. Eso no se hace. Ella es mujer. Con ellas hay que hablar, compadre, y hay que escuchar también. Y si se enoja o me enojo… igual hay que hablar. ¡Tan feo es estar enojados! ¿O no? Pero cuando nos abuenamos… ¡Ya, che! ¡A vos qué te importa cómo es cuando nos abuenamos!

Mucho parece  que te estoy contando compadre… Pero, bueno… ya me tengo que ir… Y mejor le llamo a mi mujer porque si no me va a colgar… Es que hoy van a cocinar picantito de pollo en la casa y les he prometido que iba a llevar heladito de canela… ¡Hablamos después, cumpa! ¿Sí? Listo. Chao.

Hola, Chuspillita. Sí, sí. Ya estoy  yendo… Aquí, nomas, con el compadre… un ratito. ¡Pucha! ¡Ya te vas a enojar de eso! A ver: Más bien pásame con la Paolita. Hola, hijita. ¿Cómo te ha ido en tu examen? ¡Eh…! Felicidades, mamita. Vamos a festejar cuando llegue… Pásame con tu mamá… Amorcito, ya estoy yendo. Sí, sí. Me apuro. Un beso… Chao.

 

 

Fue una producción de Infante-Promoción Integral de la Mujer y la Infancia con el apoyo de Hivos.

 

 

Escrito por Alejandro Marañón.

Interpretado por Jorge Alaniz León

 

Trapitos al sol VII-El piropeador

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